Liliana Maresca: poner el cuerpo


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Poner el cuerpo es un acto absolutamente comprometido y liberador, sea cual sea el acontecimiento en que se realiza dicha acción. Se redobla la apuesta si la misma es artística, estética y parte de un proceso comunicacional. El compromiso adquiere un matiz de statement y la liberación se amplifica, sale de lo particular para adquirir un carácter colectivo. Cuando un artista pone su cuerpo para crear una obra se produce cierta comunión entre ambos, cierto proceso alquímico por el cual los dos se combinan y generan algo más.

Una de las artistas argentinas que han trabajado dentro de esta línea ha sido Liliana Maresca (Buenos Aires – 1951-1994). Tres creaciones de ella aúnan su propio cuerpo con la obra-concepto: “Liliana Maresca con su obra”, foto performance realizada con Marcos López en 1984, “Imagen pública – Altas esferas” (1993), instalación realizada en el Centro Cultural Recoleta y luego trasladada a la Costanera Sur (acción registrada por Adriana Miranda) y “Maresca se entrega todo destino” (1993), foto performance registrada por Alejandro Kuropatwa.

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Cuando Maresca posó desnuda con sus obras en 1984 puso al descubierto el vínculo íntimo que se da entre el artista y su trabajo. Interactuó con sus objetos los tocó, los miró, se sentó con ellos, y se mostró a si misma sin poses ni disfraces. Obra y artista retratados en un marco cotidiano, lejano al museo o ámbito expositor, exponiéndose en cierta intimidad accesible al espectador. El objeto  haciéndose uno con quien lo dio a luz muestra la conexión intrínseca entre ambos como si fuera una línea invisible, pero de existencia palpable. Este diálogo privado se abre a otros para que lo contemplen, gracias a las tomas de Marcos López, con quien Maresca haría tandem en otras ocasiones.

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En junio de 1993, casi diez años después, Maresca cuestionó al poder, al stablishment y al mundo mediático en  “Imagen pública – Altas esferas”. Para dicha crítica nuevamente utilizó su cuerpo como medio de expresión, exhibiendo la sensualidad del poder y, a su vez, la vulnerabilidad del individuo frente al mismo. Así mismo, expuso el exhibicionismo propio de los medios de comunicación de masas, constituyéndose la obra (con sus gigantografías plagadas de rostros conocidos provenientes de distintos ámbitos) como un cuestionamiento social y político. El mostrar la mise en scéne de los mecanismos de los medios es un procedimiento y una búsqueda que habían comenzado los artistas argentinos a mediados de las década del 60. Maresca tomó la problemática en plena década menemista, donde la ostentación y el “mostrarse” en público adquirió un carácter cuasi religioso. La exhibición sin pudores del poder, de la corrupción, de la codicia eran algo de todos los días por aquel entonces. Y ella misma se “mostró” a desnudo, sin tapujos, poniendo así su cuerpo al servicio del mensaje a transmitir. Sin artificialidad, honestamente brutal y contundente, como fue siempre. Mientras las gigantografías exhibían personajes políticos y faranduleros a través del ojo mediático, Maresca se exhibió a sí misma sin máscaras, sin pose falsa, sin ostentación y sin tapujos.

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La imágenes que formaron parte de la instalación que fue “Imagen- pública…” fueron tomadas del archivo del diario argentino Página 12. El montaje de las mismas construyó un espacio abarcativo y sintético, generando un fuerte efecto de simultaneidad, como puede verse en las fotografías que lo registran. Las fotografías de ella sobre las mismas fueron obra nuevamente de Marcos López. Luego de la exhibición de la instalación, Maresca llevó pancartas con las imágenes a la Costanera Sur. Allí las plantó y volvió a posar para Adriana Miranda con la obra.

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En “Maresca se entrega todo destino” (1993), la artista retomó el tema del uso y la exhibición del cuerpo. Esta vez con un planteo crítico acerca del mercado, y puntualmente del mercado del arte. En primera instancia, en el Casal de Catalunya, se exhibieron carteles al estilo publicitario donde se leía “Espacio disponible – apto todo destino – Liliana Maresca” y se daba su número telefónico particular. El mensaje era abierto: la noción de disponible para todo uso posibilita múltiples significados. Maresca redobló la apuesta posteriormente en las páginas de la revista El Libertino (número 8), donde publicó una foto performance en la cual explícitamente se mostraba semidesnuda y desnuda, en distintas poses, y nuevamente aparecía su teléfono particular. El cuestionamiento se abrió así en dos vías: por un lado la oferta del cuerpo, el negocio con el mismo. Por otro, la del cuerpo como soporte comunicacional, de mensaje. La circulación del objeto artístico como mercancía, la banalización extendida en todos los campos por la lógica del mercado, la entrega y la exposición del cuerpo para todo destino, los múltiples usos y abusos del mismo en la sociedad contemporánea, son las líneas críticas que claramente buscó marcar.

La artista no dudó, en estas obras seleccionadas, en pone el cuerpo para cuestionar determinadas situaciones y hechos. Acto de valentía y compromiso si los hay, que muestran la capacidad creativa y conceptual que supo tener Liliana Maresca.

Por Natividad Marón

http://natividadmaron.blogspot.com.ar/

http://artistasargentinas-natividadmaron.blogspot.com.ar/

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